Buenos días. Bienvenido a La Botica. Soy E. Bitch, la boticaria ¿Cómo le ayudo?
“Hay que oler bien para ser inolvidable”, dijo Carmen queriéndome convencer para que vendiera sus perfumes en la Botica. Soy fiel creyente de esa filosofía. Así que inyectó por mi nariz todos y cada uno de las esencias toilette y entre la alergia y la confusión alcancé a decir que no me interesaba establecer la peste para ser inolvidable. Indignada, Carmen cogió sus potes de putrefacciones y se marchó.
“Is a gift and a curse”, decía el detective Monk sobre su memoria fotográfica y su obsesiva compulsión que le ayudaba a resolver casos de homicidio. Así es mi nariz; un regalo y una maldición. Rechazo toda peste abominable, así sea Brad Pitt, y sólo dejo entrar en mi vida a las personas que huelan bien. No es actitud bichitril. ¿Quién quiere recordar un mal olor? Aún no he conocido a nadie que disfrute el salado aroma del sudor que despide una axila sin desodorante o el embriagante aroma de un cuerpo en movimiento sin una gota de perfume encima. Al olfato se le respeta porque está para crear memorias. Recuerdos a los que podemos acudir cuando sentimos que el mundo se nos viene arriba. Memorias agradables de un mundo feliz en el que el mal y el buen olor coexisten en armonía.
¿Recuerdas a que olía tu niñez? A ropa limpia y galletas de mantequilla; a seguridad y a hogar. Aquellas sábanas con olorcito a babita santa que nos arrullaban en nuestras cunitas nos llevaban definitivamente a un mundo feliz. Las recuerdo para no perder la inocencia. Hay algo de místico y romántico en un hombre o mujer que huela bien. Los abrazamos para impregnarnos con su olor y llevarlos a todas partes cuando no están. Para desgracia, llevo algunos olores que desearía olvidar. Ahí entra la maldición. Una vez una dulce esencia toca la parte fina que conecta nuestro olfato con el cerebro, nunca la podremos olvidar. (Sí, recordarás a tu ex-s por el resto de tu vida).
“Coco Mademoiselle”, le contesté a Paul cuando me visitó de sorpresa y aspiró mi aroma al abrazarme. Aquella sonrisa de niño travieso delató que me llevaría con él a donde fuera. Su eau de toilette después de correr motora es inolvidable.
Aquí tiene su remedio. Gracias. ¡Qué tengo lindo día y vuelva pronto!
E. Bitch
¿Te gustó esta columna ? Déjame tus comentarios…Did you enjoy this column? Leave me your comments…
2 Responses to "Eau de Toilette"
¡Tremendo! Nuestros más hermosos recuerdos se pueden basar en el olor, en ese exquisito olor que nos arropa de alguna u otra manera. Lo delicioso que huele la comida de casa de abuela, lo fuerte de una especia en un té o lo rico del aroma del café; los olores que nos rodean en nuestra vida cotidiana nos definen. Nuestra identidad nunca sería la misma en su ausencia. Así que… ¡Sí hay que oler bien para ser inolvidables! Una vez más, me gusta tu forma de escribir, de expresarte. Tienes una visión bastante única de la vida…
May 7, 2011 at 8:06 pm
Definitivamente que los olores forman una parte muy importante de nuestros recuerdos y sobre que nos gusta o no. Un buen aroma, que nos haga sentir bien, que nos de ganas de comer tal o cual cosa, que nos de ganas de estar en tal o cual lugar, que nos haga recordar a alguien. Dicen por ahi que para el gusto los colores, pero aunque podemos ser selectivos en cuanto a que olor nos gusta más, definitivamente somos iguales ante los olores que consideramos desagradables como el de aguas negras, o algo podrido..Digo, no he conocido a nadie aún que le guste el olor a cloaca..! Como bien dices, esos olores que nos llevan a la niñez y que nos hacen sentir acurrucados en ese recuerdo, son de los mejores..El olor a canela en mi casa cuando mi madre hacía sus postres para vender..El olor a pan recién horneado que salía de la panadería cercana, el olor al polvo talco para niños que nos ponían a mis hermanas y a mi, y sobretodo el olor que tenían mi madre y mi abuela, sus perfumes favoritos… Para mi, no hay nada como oler bien!